Esta ruta
concentra en apenas 30 kilómetros poblaciones ricas en monumentos e historia
El camino que lleva a Santillana del Mar, monumental
e histórica, a San Vicente de la Barquera, pueblo marinero por los cuatro
costados, tiene una parada obligada en Comillas, un enclave con alma burguesa
que rinde homenaje a Gaudí y a la historia más señorial de esta comunidad.
Las calles y plazas empedradas de Santillana del Mar
reservan otras visitas atractivas como las casas blasonadas del Águila y la
Parra, la de doña Leonor de la Vega, el plació renacentista de Velarde, las
casonas y palacios barrocos de los Barreda y los Bustamante, los Tagle, los
Villa, los Polanco, los Quevedo o las torres góticas de Merino, de don Borja,
de Velarde y de Otero; los conventos dominicos de San Ildefonso y Regina Coeli;
y museos interesantes, como el Diocesano, el Etnográfico (ubicado en la Casa
del Águila y la Parra) y el museo de la Tortura El Solar.
No se puede dejar esta villa sin conocer una de las
obras maestras del arte rupestre: la cueva de Altamira. Además de la réplica de
la cueva (la única visitable), merece la pena el museo. Y siguiendo la
carretera de la costa, junto a verdes prados y suaves colinas, se llega en muy
poco tiempo a Comillas. En esta villa, que se puso de moda entre la nobleza de
Alfonso XII, al pasar aquí sus vacaciones en 1881, se pueden contemplar
soberbios conjuntos histórico-artísticos, gracias al mecenazgo de don Antonio
López y López, primer marqués de Comillas.
Entre las visitas imprescindibles se cuentan la Universidad
Pontificia y el palacio de Sobrellano, brillantes obras de Doménech i Muntaner;
El Capricho, de Gaudí, un pequeño edificio vestido de cerámica y forja que parece
salido de un cuento; el cementerio, con una impresionante escultura de El Ángel
Exterminador, de Josep Limona, que preside las ruinas góticas del antiguo
monasterio. Además, merece la pena perderse por las calles y plazas del centro
y descubrir las numerosas tiendas de antigüedades, decoración, productos gastronómicos.
Como colofón a la visita, nada mejor que dar gusto al estómago en un
restaurante emblemático: La Aldea (La Aldea, 8; tel: 942 720 300).
Fuente: Race
