domingo, 18 de marzo de 2012

SANTILLANA DEL MAR, CANTABRIA, UN LUGAR IDEAL

Esta ruta concentra en apenas 30 kilómetros poblaciones ricas en monumentos e historia

El camino que lleva a Santillana del Mar, monumental e histórica, a San Vicente de la Barquera, pueblo marinero por los cuatro costados, tiene una parada obligada en Comillas, un enclave con alma burguesa que rinde homenaje a Gaudí y a la historia más señorial de esta comunidad.

Las calles y plazas empedradas de Santillana del Mar reservan otras visitas atractivas como las casas blasonadas del Águila y la Parra, la de doña Leonor de la Vega, el plació renacentista de Velarde, las casonas y palacios barrocos de los Barreda y los Bustamante, los Tagle, los Villa, los Polanco, los Quevedo o las torres góticas de Merino, de don Borja, de Velarde y de Otero; los conventos dominicos de San Ildefonso y Regina Coeli; y museos interesantes, como el Diocesano, el Etnográfico (ubicado en la Casa del Águila y la Parra) y el museo de la Tortura El Solar.

No se puede dejar esta villa sin conocer una de las obras maestras del arte rupestre: la cueva de Altamira. Además de la réplica de la cueva (la única visitable), merece la pena el museo. Y siguiendo la carretera de la costa, junto a verdes prados y suaves colinas, se llega en muy poco tiempo a Comillas. En esta villa, que se puso de moda entre la nobleza de Alfonso XII, al pasar aquí sus vacaciones en 1881, se pueden contemplar soberbios conjuntos histórico-artísticos, gracias al mecenazgo de don Antonio López y López, primer marqués de Comillas.

Entre las visitas imprescindibles se cuentan la Universidad Pontificia y el palacio de Sobrellano, brillantes obras de Doménech i Muntaner; El Capricho, de Gaudí, un pequeño edificio vestido de cerámica y forja que parece salido de un cuento; el cementerio, con una impresionante escultura de El Ángel Exterminador, de Josep Limona, que preside las ruinas góticas del antiguo monasterio. Además, merece la pena perderse por las calles y plazas del centro y descubrir las numerosas tiendas de antigüedades, decoración, productos gastronómicos. Como colofón a la visita, nada mejor que dar gusto al estómago en un restaurante emblemático: La Aldea (La Aldea, 8; tel: 942 720 300).
Fuente: Race

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