Rusia Teme Caer en el Olvido
Por Lucian Kim, periodista ruso, actualmente vive en Berlín (traducción realizada por Mártin Códax)
Desde los últimos días de 2012, las
relaciones ruso-americanas pasan por su peor momento, cuando el presidente Vladimir Putin firmó una ley que prohíbe a los
estadounidenses la adopción de niños rusos. La prohibición fue una amenaza del Kremlin, una "respuesta asimétrica" a una lista negra de EE.UU. de presuntos violadores de derechos
humanos rusos. Dada la triste condición de los orfanatos rusos, y la voluntad
de los estadounidenses para adoptar a niños enfermos o discapacitados, la
medida terminó pareciendo no sólo desproporcionada, sino cruel y rencorosa.
Putin justificó la prohibición de adopción durante su
conferencia de prensa anual en diciembre. Fue la indiferencia que los
funcionarios estadounidenses mostraron con respecto al destino de los niños
rusos adoptados y maltratados, explicó Putin, así como el intento por parte de
los Estados Unidos de extender su jurisdicción legal en todo el mundo.
"¿Qué hay de normal en ser humillado?, argumentó Putin, dando lecciones de moral a un periodista ruso. ¿Le gusta? ¿Es usted un
sadomasoquista? Nuestro país no debe ser humillado."
El tema de las adopciones ha ensombrecido las relaciones
entre quienes fueron rivales en la Guerra Fría durante años anteriores, con el Kremlin
indignado por los 19 niños rusos que murieron a causa de los padres adoptivos
negligentes, de entre los más de 60.000 niños adoptados por los estadounidenses en las dos últimas décadas, en un acuerdo
bilateral arduamente negociado, y diseñado para abordar las preocupaciones de
Rusia. En definitiva, a partir del 1 de enero el tratado quedó nulo y sin efecto.
La prohibición de adopción dice más acerca de Putin que aquello
que los EE.UU. hizo o dejó de hacer. Los problemas e incidentes de la adopción
son similares a cualquiera de los países más avanzados del mundo.
El presidente Obama anunció un "reinicio" en las
relaciones, después de asumir el cargo, hace cuatro años. Los críticos han tildado
ya la política como ineficaz y excesivamente amable. Sin embargo, el pequeño "secreto sucio" de la restauración es que no fue un nuevo comienzo en absoluto -era simplemente la vuelta a la rutina diplomática y puesta a punto de las típicas reverencias, pues había que compensar el unilateralismo de George W. Bush, quien había herido las
sensibilidades rusas.
Rusia sigue lidiando con la pérdida del imperio, después del
colapso de la Unión Soviética como superpotencia. A falta de cualquier
nueva idea lucida para ayudar a unificar el país, el Kremlin ofrece clichés
sobre nefastos complots estadounidenses y agentes extranjeros saboteando desde
dentro de Rusia.
La
decisión de prohibir las adopciones por los estadounidenses muestra la escasez
de opciones e ideas a disposición de Putin. ¿Cómo se ganará Rusia el respeto para
poner fin a la humillación percibida?, nadie lo sabe.

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